Entre 1950 y 1959 acuñó J.P. Guilford en Estados Unidos el término creatividad («creatividad») aplicado al campo de la psicología diferencial («test de creatividad»). Posteriormente se empleó en el dominio de los métodos no directivos, cuando se habló de incentivar la creatividad del niño. Penetró más tarde en el ámbito de la investigación científica e industrial, en el sector artístico, en el mundo del lenguaje, en el campo de la publicidad y en la órbita de lo religioso. Hoy se habla de creatividad en casi todos los ámbitos humanos, en gran medida, debido a la necesidad de espontaneidad y de fantasía frente a la rigidez de la sociedad moderna, excesivamente reglamentada y regulada.

 

La creatividad pretende favorecer en un campo concreto comportamientos originales y genuinos, sin conformismos ni convencionalismos excesivos. Es, pues, lo contrario de la rutina, de lo fijado de antemano. Naturalmente, la creatividad no es improvisación o falta de preparación, ya que requiere análisis, juicio crítico y proyecto elaborado. Exige inventiva y originalidad, además de un cierto grado de audacia.

 

La creatividad llegó al dominio de la liturgia gracias al cambio cultural de la década de los sesenta, a la reforma litúrgica del Vaticano II y al diálogo que la Iglesia inició entonces con el catolicismo popular y las sociedades fraternales. Como consecuencia, la celebración de las tenidas en logia, en las distintas órdenes mundiales acoge pues en su seno, esta polémica, en sus diversas formas, buscando ajustarse cada vez más  al genio cultural y religioso de la sociedad, al nivel de fe vivida de la asamblea y a la necesidad individual de cada hermano en cuestión. He ahí un primer reto de creatividad.

 

Pero la liturgia posee unas leyes o estructuras permanentes. No es fácil celebrar con creatividad desde la tradición, ya que la liturgia tiene sus propias exigencias. La liturgia instruye, pero su marco no es la escuela; contiene múltiples elementos musicales, pero no es concierto; incluye movimientos y gestos corporales, sin ser ballet; desarrolla una acción dramática, pero no es teatro; emplea imágenes verbales y formas literarias, mas no es literatura. Es oración en común, sin que ello signifique que pueda reducirse a un mero ejercicio piadoso. La liturgia va más allá, abre las puertas de lo sobrenatural. En la liturgia, las imágenes revelan lo invisible, los textos lo desconocido, y el lenguaje musical lo inaudito.

 

La creatividad litúrgica depende de las dimensiones y naturaleza de la tenida y de sus responsables. Para que sea posible se necesita, de un lado, libertad, que debiera conceder con generosidad la autoridad máxima del taller; de otro, fantasía creadora por parte de la membresía que cele­bra. Un primer punto de creatividad se centra en los textos no litúrgicos, como es el caso de las instrucciones, plegarias de acción de gracias, cre­dos, cantos y moniciones, poesía, ensayos y otros que encuentran su espacio natural en capitulos como BIEN GENERAL DE LA ORDEN; y es que suele resultar insuficiente la lectura y traducción de textos anti­guos, sobre todo si se hace literalmente y sin contexto.

 

Un segundo campo de la cre­atividad litúrgica es el de los símbolos y gestos corporales. Hay pue­blos y grupos de todo tipo que se expresan dinámicamente por medio de gestos. Además, en toda celebración hay símbolos litúrgicos, en parte repetitivos (símbolos conocidos) y en parte renovados (símbolos cambiantes). Repetitivos son los símbolos esenciales de la pauta fija o ciertos signos cuya fijación es necesaria. Por ejemplo, sin mallete ni ataúd‑ no hay iniciación. Pero no se trata sólo de crear nuevos textos o de recrear algunos símbolos y gestos. La cre­atividad atañe al conjunto de la celebración, a saber, a su ritmo, estilo y desarrollo. Naturalmente, todo debe conducir a expresar mejor el misterio del Caballero de la Luz, aquí y ahora, por parte de los hermanos reunidos en logia. En una palabra, los textos litúrgicos deben adaptarse con creativi­dad a las logias locales, su cultura y sus tradiciones.

 

A lo largo del tiempo, la Fraternidad ha mostrado en sus tradiciones una gran capacidad creadora. En definitiva, la creatividad pretende encarnar mejor la fe y los trabajos  en la savia más profunda de la vida simbólica y cultural de nuestros hermanos. Con frecuencia, la autoridad ha aludido a los riesgos de la creatividad más que a los peligros de la inmovilidad. No olvidemos que las personas creativas son pocas; la mayoría prefiere atenerse a lo conocido, a lo que «siempre se ha hecho». Sin embargo, si se favoreciera más la creatividad litúrgica y se pusieran en común las experiencias realizadas, se lograrían resultados convincentes. Ahora bien, no basta con decir que no hemos agotado aún las posibilidades que ofrece ‑ la legislación en materia litúrgica. Precisamente, sin libertad creativa no se lograrán desarrollar esas posibilidades.

 

La creatividad litúrgica no es un fenómeno nuevo. En la antigüedad, las liturgias eran locales y espontáneas. Por eso hubo familias litúrgicas diversas. Hoy nos encontramos en una situación de uniformidad heredada, necesitada, sino urgida de creatividad.

 

L.P:. JAVIER ALVAREZ RODRIGUEZ

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    Javier

    NECESARIO

    La Creatividad, es un elemento fundamental en nuestra vida y en nuestra obra, no confundir CREATIVIDAD con IMPROVISACIÓN, en todo caso conviene identificar puntos de vista

    septiembre 28, 2023
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    Jorge Romero

    Creatividad

    Con todo respeto.
    Mucho cuidado con la creatividad especialmente viniendo de nosotros los cubanos.
    En varias ocasiones por la creatividad se produjeron divisiones.
    Ejemplos:
    1 Gran Logia de Florida, 1980, 2012.
    2 Pérdida de la jurisdicción de los territorios en EEUU de la Suprema Logia de Cuba, 1959 por la supuesta revolución.
    De ustedes en EBF.
    Jorge J Romero
    Supremo Luminar
    Suprema Logia Internacional.

    septiembre 28, 2023

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