Revolución, respeto y libertad: una reflexión desde mi conciencia
Ser cubana es llevar dentro una historia intensa. Es crecer escuchando palabras como revolución, patria, sacrificio, resistencia. Pero también es aprender, con el tiempo, que la verdadera transformación no siempre grita; a veces piensa, reflexiona y construye.
Al leer a José de la Luz y Caballero, entendí que la libertad que él soñaba no era solo política, sino moral. Cuando decía “Ser cultos para ser libres”, hablaba de una libertad que nace del pensamiento crítico, del respeto y de la virtud.
Hoy veo en las redes sociales una especie de “revolución digital”. Personas que, con razón o sin ella, expresan su inconformidad. Muchas veces comparten un deseo legítimo: una Cuba diferente, sin autoritarismo, sin miedo, sin silencios impuestos. Yo también me identifico con el anhelo de una Cuba sin dictadura, una Cuba donde pensar distinto no sea peligroso.
Pero hay algo que me duele.
A veces esa inconformidad se expresa con insultos, descalificaciones y odio hacia quienes no piensan igual. Y entonces me pregunto: ¿puede construirse libertad desde la falta de respeto?
Luz y Caballero defendía la educación como formación del carácter. Él no hablaba de imponer ideas, sino de elevar la conciencia. La verdadera libertad no necesita gritar ni humillar; necesita argumentos, ética y coherencia.
Si queremos una Cuba libre, esa libertad debe comenzar en la forma en que tratamos al otro.
La revolución que insulta termina pareciéndose a lo que critica.
La libertad que desprecia opiniones distintas se contradice a sí misma.
Yo creo en una Cuba donde podamos disentir sin odiarnos. Donde la palabra sustituya al miedo. Donde la firmeza no excluya la cortesía. Donde la transformación no nazca del resentimiento, sino de la conciencia.
Pensadores como José Martí también entendieron que la patria se construye “con todos y para el bien de todos”. Eso implica pluralidad, respeto y diálogo.
Mi deseo de una Cuba sin dictadura no nace del rencor; nace del amor. Amor por la dignidad humana, por la libertad de pensamiento y por el derecho de cada cubano a vivir sin miedo. Pero también nace del convencimiento de que el cambio debe sostenerse en valores.
No quiero una Cuba donde cambien los nombres del poder pero se mantenga la intolerancia.
Quiero una Cuba donde la educación, como enseñó Luz, forme ciudadanos capaces de debatir sin destruirse.
Porque si la libertad no está acompañada de virtud, se convierte en otra forma de opresión.
Y yo elijo creer que la Cuba que soñamos puede ser firme sin ser violenta, crítica sin ser irrespetuosa, valiente sin perder humanidad.
SP:. Nivia Rodriguez, Logia Amor y Hogar No.11
GLC. Orden Caballero de la Luz

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