En el corazón organizativo de toda Logia de la Orden Caballero de la Luz, la Tesorería debería funcionar como pilar estratégico para el desarrollo, la autonomía y la proyección fraternal. Sin embargo, en la práctica cotidiana de no pocas logias, este órgano ha sido reducido a una función puramente contable, donde el Tesorero actúa más como un mero anotador de cifras que como un gestor de recursos con visión a futuro. Este vaciamiento funcional ha degradado uno de los roles más vitales para la salud institucional de nuestras organizaciones.
Subyace en esta crisis una falacia arraigada con fuerza: la creencia de que, por ser fraternales, nuestras logias no deben ni pueden acumular riqueza. De ahí se desprende una lógica dañina pero comúnmente aceptada, donde todo ingreso debe estar destinado al consumo inmediato, donde “ingreso igual a egreso” se considera un signo de equilibrio y hasta de transparencia. Pero lejos de garantizar salud financiera, este razonamiento ha arrastrado a nuestras logias a un modelo de subsistencia que es, en verdad, un modelo de empobrecimiento progresivo.
La consecuencia más visible ha sido la pérdida de autonomía económica, y con ella, de soberanía organizativa. Sin capacidad de ahorro, inversión ni planificación a largo plazo, la gestión de los recursos se convierte en una rutina de supervivencia. Se pagan gastos fijos, se improvisa ante lo urgente y se posterga lo importante. Se anula la posibilidad de innovar, de sostener iniciativas permanentes, de responder con dignidad a necesidades fraternas o sociales. Lo que debería ser una cultura de flujo estratégico se ha convertido en una cultura de inmediatez y precariedad.
Peor aún: esta lógica debilita estructuralmente a la Orden, pues al minar las capacidades logiales de autogestión, se reduce también su poder de incidencia y acción en la realidad. Se desconectan las logias del mundo, de sus desafíos y oportunidades. Se estanca la creatividad colectiva y se naturaliza la pobreza funcional como destino inevitable. La Tesorería, entonces, en vez de ser un garante de planificación y desarrollo, deviene una caja de registro rutinario sin ambición ni horizonte.
Es imprescindible, si deseamos que la Orden Caballero de la Luz esté a la altura de su tiempo y de sus propios principios, revisar de raíz este paradigma. Revalorizar el papel del Tesorero como gestor estratégico. Dotar a las Tesorerías de herramientas modernas, criterios técnicos y autonomía de acción. Promover la formación financiera entre los miembros del cuadro. Y, sobre todo, romper con el dogma del consumo inmediato como única vía ética de administración fraternal.
La riqueza, cuando es fruto de la transparencia, el esfuerzo colectivo y la visión institucional, no es un pecado. Es una herramienta de libertad.
Comision de Cultura y Divulgacion
Logia Soles y Rayos de Oriente No.7 OCLU

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