Una reflexión necesaria sobre el papel del órgano legislativo en la Orden Caballero de la Luz.
En tiempos donde se alzan voces por la ética, la renovación y la transparencia, es preciso mirar con crudeza —pero sin miedo— el estado actual de nuestro órgano legislativo dentro de la Orden Caballero de la Luz. Lo que debería ser un espacio de pensamiento crítico, revisión normativa, y garantía de equilibrios internos, se ha convertido en demasiados casos en un órgano mediocre, desinformado y emocionalmente manipulable, cuya acción legislativa no responde al bien común, sino a intereses personales, lealtades automáticas o mera inercia institucional.
Se ha instalado con preocupante naturalidad la práctica de votar leyes, candidaturas y gastos sin estudio, sin fundamentos, sin debate serio. Las emociones, los aplausos y la reiteración de nombres se han vuelto más influyentes que los principios, las capacidades y los argumentos. Se respaldan figuras no por su ética o idoneidad, sino por su insistente presencia, su habilidad para el lobby o el peso de la costumbre. Y ese respaldo, carente de examen, es un arma de doble filo que puede destruir lo que aún queda de autonomía y dignidad institucional.
Peor aún es la irresponsabilidad en la aprobación de gastos, fondos y estructuras que no responden a una planificación realista ni a un estudio de impacto económico. Se aprueba lo que “suena bien” o lo que “alguien importante propone“, sin pensar cómo se sostendrá ni quién lo pagará. Es la lógica del “todo para hoy“, donde lo urgente reemplaza a lo importante, y donde el brillo de una idea apaga la necesidad de evaluar su viabilidad. Así, se socava la autogestión, se limita la creatividad, se debilita la libertad administrativa.
Esta deriva legislativa no es solo un problema de formas: es un cáncer que afecta la salud moral, económica y doctrinal de la Orden. Los miembros más lúcidos se alejan, los más comprometidos se cansan, y los más jóvenes aprenden que no vale la pena pensar si todo se decide entre bastidores. En ese clima, florece el clientelismo, se perpetúan figuras sin renovación ni rendición de cuentas, y se convierte al legislativo en un espacio ornamental, inerte y sin visión.
Frente a esto, no basta con quejarse. Es hora de regenerar el órgano legislativo con reglas claras y compromisos éticos firmes. Eso incluye:
Formar a cada delegado legislativo antes de que vote.
Exigir estudios de impacto antes de aprobar leyes o gastos.
Aplicar evaluaciones internas de desempeño y ética.
Renovar los liderazgos con base en méritos y no por costumbre.
Garantizar espacios reales de deliberación y pluralidad.
La Orden Caballero de la Luz no puede hablar de luz si legisla en la oscuridad. No puede hablar de justicia si sus leyes nacen del capricho. No puede hablar de renovación si repite, sin crítica, lo que ya no sirve.
O despertamos la conciencia crítica del legislativo o legitimamos su decadencia.
LP:. Javier Alvarez Rodriguez
Logia Soles y Rayos de Oriente No. 7 OCLU

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