Hay ideas que no describen el mundo: lo fabrican.
Basta repetirlas con la convicción suficiente para que el tiempo las confunda con verdades.
Y así, sin darnos cuenta, comenzamos a vivir bajo el imperio de nuestras propias frases.
La Orden no está muerta —pero hay quienes la velan todos los días.
Lo hacen cada vez que dicen “ya nada cambia”, “la gente nueva no sirve”, “todo está perdido”.
No saben que al pronunciarlo, lo decretan.
Porque la palabra tiene el poder de programar la realidad: lo que se repite, se instala; lo que se instala, se cumple.
Ese es el secreto oscuro de la profecía del autocumplimiento:
no necesitamos enemigos externos para fracasar, cuando nuestras propias voces bastan para convencernos de que el fracaso es inevitable.
La crítica constante, disfrazada de lucidez, se convierte entonces en un virus que apaga la fe y erosiona la esperanza.
Y lo más trágico es que quienes más se lamentan por la decadencia de la Orden, suelen ser los mismos que la precipitan.
Porque al repetir el desaliento, terminan cultivando aquello que dicen querer evitar.
Toda profecía necesita un creyente.
Y toda creencia, un comportamiento que la respalde.
Así se alimenta el ciclo: la idea genera la actitud, la actitud produce el resultado, y el resultado confirma la idea.
El círculo queda cerrado, y la ilusión se hace carne.
Pero también en esto hay un poder escondido:
si la palabra puede destruir, también puede reconstruir.
Si un pensamiento repetido puede hundirnos, otro puede elevarnos.
Solo hace falta reemplazar la queja por propósito, la duda por obra, la sospecha por confianza.
Creer que la Orden puede renacer no es ingenuidad: es estrategia espiritual.
Porque toda restauración comienza en la mente del que se atreve a imaginarla.
Y cuando suficientes hermanos creen en esa posibilidad y actúan como si ya fuera cierta, la profecía se invierte:
la esperanza se vuelve hábito, y el milagro, costumbre.
Entonces, el templo vuelve a llenarse de Luz,
no por decreto divino, sino por causa humana.
Porque la fe, cuando se practica, deja de ser fe para volverse creación.
COMISION DE CULTURA Y DIVULGACION
Logia Soles y Rayos de Oriente No.7 OCLU
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