“No te creas todo lo que piensas” no es una invitación a desconfiar de la razón, sino a desconfiar de la inercia mental.

No todo pensamiento es verdad, ni todo juicio es justo, ni toda emoción tiene razón suficiente. Pensamos desde hábitos, miedos, prejuicios, cansancios, deseos no examinados. La mente narra, pero no siempre describe; interpreta antes de comprender.
Creerse todo lo que uno piensa es confundir pensamiento con realidad, opinión con verdad, sensación con hecho. De ahí nacen muchos conflictos personales, decisiones torcidas y discursos que se creen lúcidos cuando solo son reactivos.
La madurez —intelectual, moral y espiritual— comienza cuando uno aprende a decirse:
> “Esto es un pensamiento… ahora veamos si resiste examen.”
Pensar bien no es pensar más, sino pensar con humildad, someter la idea al contraste, al tiempo, al silencio y, si es necesario, rectificarla.
Porque la libertad no está en pensar cualquier cosa,
sino en no ser esclavo de lo primero que se nos cruza por la cabeza.
COMISION DE CULTURA Y DIVULGACION
Logia Soles y Rayos de Oriente No.7 OCLU

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