Cuando el pájaro está vivo, puede alimentarse de las hormigas; pero cuando muere, son las hormigas quienes se alimentan de él. Así nos enseña la vida que ninguna posición, ninguna fuerza y ningún poder son eternos. Hoy podemos estar arriba, mañana abajo; hoy podemos tener abundancia, mañana necesitar humildemente aquello que antes despreciamos.
De un solo árbol pueden hacerse miles de fósforos, pero basta un fósforo encendido sin prudencia para quemar un bosque entero. Así también ocurre con nuestras palabras, nuestras acciones y nuestros actos: una decisión pequeña puede construir o destruir mucho más de lo que imaginamos.
Por eso, no debemos devaluar nada ni a nadie. El tiempo es más fuerte que la soberbia, más paciente que el orgullo y más sabio que nuestras certezas. Todo cambia. Lo que hoy parece seguro, mañana puede desvanecerse; lo que hoy parece pequeño, mañana puede ser imprescindible.
La vida es como un río: jamás tocamos dos veces la misma agua, porque el agua que pasó ya no vuelve. Así también pasan los días, las oportunidades, los afectos y los momentos que no supimos valorar a tiempo.
No busquemos apariencias, porque se marchitan. No busquemos personas perfectas, porque no existen. Busquemos, mejor, corazones capaces de reconocer nuestro verdadero valor y de acompañarnos con respeto, lealtad y verdad.
Amemos tres cosas con especial cuidado: la vida, porque es breve; la familia, porque es única; y los amigos verdaderos, porque son pocos y valen más que muchas riquezas.
Moraleja:
Quien comprende el poder del tiempo aprende a vivir con humildad, a hacer el bien sin demora y a valorar hoy lo que mañana podría no estar.
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