“No hay pecado pequeño cuando un hijo carga con sus consecuencias; sobre sus hombros, hasta la falta más leve pesa como el mundo entero.“
La Orden Caballero de la Luz ha sostenido siempre que el hombre no vive para sí mismo. Cada acto, cada palabra y cada omisión proyectan una influencia que trasciende al individuo y alcanza a la familia, a la sociedad y a las generaciones que le suceden.
Un padre no educa únicamente con sus consejos. Educa, sobre todo, con su conducta. La honestidad, la templanza, la disciplina y el honor no se enseñan desde el discurso, sino desde el ejemplo cotidiano. Del mismo modo, el egoísmo, la mentira, la cobardía o el abandono tampoco permanecen encerrados en la conciencia de quien los practica: dejan huellas en quienes crecen bajo su influencia.
Por eso no existen pecados pequeños cuando un hijo debe soportar sus consecuencias. Lo que para el adulto pudo parecer una concesión momentánea, un acto sin importancia o una debilidad pasajera, puede convertirse para el hijo en una carga que marque su carácter, su confianza o su forma de comprender el mundo.
La doctrina de la Orden no invita a condenar al hombre por sus errores, sino a exigirle plena responsabilidad sobre ellos. La libertad no consiste en actuar sin límites, sino en comprender que toda decisión lleva consigo consecuencias que rara vez terminan en quien la tomó.
El Caballero de la Luz está llamado a romper esa cadena. No puede elegir el legado que recibió, pero sí el que dejará. Allí donde heredó resentimiento, debe sembrar reconciliación; donde recibió deshonor, debe responder con honor; donde encontró oscuridad, está obligado a encender una luz.
El verdadero legado de un padre no es la riqueza ni el apellido. Es el peso moral de su ejemplo. Y cuando ese ejemplo es recto, los hombros del hijo se fortalecen. Pero cuando falta la virtud, hasta el pecado que parecía más pequeño puede llegar a pesar sobre ellos como el mundo entero.
Porque la misión del Caballero no es simplemente evitar el mal, sino vivir de tal manera que quienes caminen detrás encuentren un sendero más digno, más libre y más luminoso que el que él mismo recibió.
LP. Javier Alvarez Rodríguez 
Soles y Rayos de Oriente No.7 OCLU

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