Con licencia de Pablo Milanes
Cada vuelta que se logra.
Cada vez que se termina.
Una lágrima germina,
presagiando un breve adiós.
El tiempo no se anuncia.
No golpea la puerta ni pide permiso.
Simplemente sucede.
Y cuando creemos haber entendido una etapa, ya estamos entrando en otra.
Desde la Orden Caballero de la Luz —pero también desde la experiencia más elemental de lo humano— sabemos que el paso del tiempo no es solo una sucesión de días, sino una escuela silenciosa. Cada ciclo cumplido trae consigo una conquista, pero también una pérdida. Y no hay victoria que no deje, aunque sea mínima, una nostalgia adherida.
Siete vueltas al reloj.
Doblas tres veces la esquina.
Hay momentos en la vida —y en la Logia— en los que uno siente que ha girado muchas veces sobre lo mismo: ideales, preguntas, decisiones. Sin embargo, nunca se vuelve exactamente al mismo lugar. El tiempo no es circular; somos nosotros los que cambiamos al recorrerlo. Doblar la esquina no es retroceder. Es aceptar que la recta terminó. Y en ese giro aparece lo incierto.
Y una suerte que camina
para bien o para mal
contigo se va a encontrar.
Aquí yace una de las verdades más difíciles de aceptar: el tiempo no garantiza premios ni castigos justos. No siempre devuelve lo que se entrega. No siempre ordena las cuentas. Pero sí pone a cada persona frente a sí misma, una y otra vez, hasta que ya no puede evadir lo esencial.
Desde la Orden no enseñamos a dominar el tiempo, sino a habitarlo con dignidad. A no vivirlo como enemigo, pero tampoco como anestesia. El tiempo no es cruel por sí mismo; cruel es atravesarlo dormido, resentido o esperando que otros le den sentido.
Porque ninguna etapa “se arruina” por terminar.
Se honra cuando fue vivida con conciencia.
Aceptar el paso del tiempo no es resignarse: es asumir responsabilidad. Es comprender que cada final lleva implícita una siembra, aunque duela. Que cada lágrima que germina también riega algo que aún no vemos.
La Orden —como la vida— no promete permanencias artificiales. Propone presencia, trabajo interior y continuidad consciente. Nos recuerda que no se trata de cuánto duramos, sino de cómo atravesamos cada vuelta del reloj.
El tiempo pasa. Pero también nos mira. Y, tarde o temprano, nos encuentra.
La pregunta no es si llegará ese encuentro.
La pregunta es: ¿quiénes seremos cuando ocurra?
LP:. Javier Alvarez Rodríguez
Logia Soles y Rayos de Oriente No 7 OCLU
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